Me pregunta la hurona que cómo hacen las personas, ahí abajo, para elegir un lugar donde asentarse, en un planeta tan inmenso. Ejem... muchos se quedan allí donde nacieron, otros prefieren cruzar fronteras. ¿Fronteras? Sí, desde aquí no se ven, porque son muy finas, pero existen; las hay terrestres, marítimas e incluso aéreas. Las hay de hormigón armado, de alambre de espino, con olas encrespadas, y también imaginarias - las más difíciles de sobrepasar -. ¿Y quién las puso ahí? ¿Para qué? Buf... ¿Por dónde empiezo? Por el principio."Érase una vez, en un planeta no tan lejano", y las palabras fluyen solas, como mecidas por su propia Historia: pangea y deriva continental, tribus nómadas y pueblos sedentarios, transhumancia y revolución agraria, Génesis y Éxodo, muralla y después ciudad, conquista y reconquista, geografía versus cartografía, soberana integridad e integral soberbia, Paz de Westfalia y Guerra Mundial, línea imaginaria y línea Maginot, escuadra y cartabón, Checkpoint Charlie y puente de Mostar, secesión fraternal y reunificación germánica, tierra prometida y No man's land, campo de acogida y tierra de detención, paralelo 38 y la Europa de los 27, ciudades mojón y espaldas mojadas, proyección de las maquiladoras y proyecto minuteman, asimilación cultural y cultura integracional, emigración golondrina y aves migratorias, ramo de olivo e isla Perejil.
Espera, espera, ¿Y aquí arriba donde están las fronteras? No las hay. ¿Tampoco tenemos fronteras? No, no las hay, pero puedes trazar todas cuanto se te antojen en tu cabeza; tan sólo debes imaginar una delgadísima línea discontinua, y ya habrás construido una. Eso sí, ten cuidado, porque luego deshacerla no te será tan fácil.
No hay comentarios:
Publicar un comentario