jueves, 2 de octubre de 2008

Radio Nomi

En los planos originales de la estación aparece en uno de sus extremos una gran antena de radio que en realidad no se montó nunca, porque parte de los circuitos necesarios no llegaron a despegar de Tierra. La otra parte de las piezas, la hemos encontrado la gata y yo rebuscando entre los cachivaches que se amontonan en el laboratorio. Con la ayuda de un manual en ruso disponible a bordo - y traduciendo Laika a duras penas -, hemos logrado construir un aparato extraño que crepita y emite palabras perdidas. Bueno, para ser sinceros sintoniza dos emisoras, pero se estrujan en una longitud de onda tan cercana que interfieren la una sobre la otra, como si rivalizasen por conquistar al lejano oyente.
Una de ellas es Radio María, en polaco, aunque no me hace falta entender al locutor para que se me ericen los pelos de la nuca; eso sí es poder de comunicación. Debe ser para evangelizar alienígenas - ahora que la Iglesia ha reconocido su posible existencia -que emiten a esta distancia de la Tierra.
Si giramos muy suavemente la rueda del sintonizador, nos trasladamos mágicamente al centro de Buenos Aires, puesto que la otra emisora captada no es otra que Radio la Colifata, la de los locos del Hospital Borda.
En este momento suena Lightning Strikes de Klaus Nomi, remixada con los salmos de la cadena religiosa. El resultado es tan sorprendente que no puedo evitar imaginarme - entre la cacofonía -, el nuevo vídeo promocional de la corporación eclesiástica: un elenco de epíscopes y acólitos, ataviados con los trajes galácticos y el peinado en punta del estrambótico personaje. Se me ocurre que quizás lograría así detener - monseñor Ratzinger - la sangría de deserciones que viene registrando desde hace un par de lustros en su club de fans.
No sé si serán los efluvios del vino de misa o el sosiego otoñal de Castel Gandolfo, pero algo parece haber desconectado al sumo pontífice del resto de los mortales. Ahora que tanto empeño pone en dilucidar el origen etimológico de la palabra matrimonio, le aconsejaría que le echase un vistazo al de eutanasia, que deriva del griego antiguo y significa "muerte buena, o digna". Pues qué es sino el poder despedirse de este mundo en paz y ataraxia, sin esperar a convertirse en una torturada coliflor.
En algo semejante acabó metamorfoseándose Carol Wojtyla; aunque con la ayuda de Dios - y quién sabe si un poco de morfina administrada de estrangis bajo de la sotana - debió afrontar su inminente ascensión al Empíreo con el mismo sufrido placer del penitente. Pocos hubiesen aguantado el morboso circo mediático que se organizó bajo su alféizar para lucrarse con su agonía, pero el supremo gerifalte cumplió religiosamente con su rol de marioneta papal. La Fe es un potente catalizador de este tipo de heroicidades.
Tal como vienen las noticias, parece que desear una muerte tranquila se va a convertir pronto en una extravagante fantasía, y para colmo censurada. Ahora que desde Italia se ha propuesto reanimar aquellos fetos que presenten signos de vida después de un aborto - aún en contra de la opinión de los padres -, me atrevo a vaticinar en los futuros geriátricos de doña Espe, una legión de ancianos vegetativos, enchufados por la fuerza a respiradores artificiales y bolsas de suero fisiológico.
Es una pena que la Iglesia digiera tan mal todo lo que huele a progreso y libertades civiles, porque en su empeño por seguir regentando una sociedad ya madura, los sectores más recalcitrantes de la Iglesia desprestigian la labor humanitaria que tantas otras personas en el seno de esa institución llevan ejerciendo en la oscuridad.
Pero volviendo a nuestros internos del Borda, se encuentran ahora en un acalorado debate sobre el papel de mesías espacial que protagonizó Nomi. Un hombre con voz estridente asegura que el andrógino Ziggy Stardust es el verdadero héroe que llegó para salvar la raza humana. Una mujer le rebate: "Estás completamente cuerdo de atar" le dice, y acusa al Sr Stardust de farsante-tramoyista. Tras un intenso rifirrafe, acceden a someter a votación el título de Salvador. Con el oído pegado al altavoz y conscientes de la relevancia histórica de este improvisado concilio niceano, presenciamos desde la estación el advenimiento de un nuevo culto.
- Cuatro votos a tres, y Gastón se abstiene - recoge el hombre de la voz de pito - Klaus Nomi es por lo tanto nuestro Salvador providencial.
Se escucha un largo silencio, y una voz ronca pregunta:
- ¿Y ahora, quién ejercerá de representante sobre la Tierra?

Youtube: Lightning Strikes - Klaus Nomi

1 comentario:

Hugo Izarra dijo...

Me ha encantado, Mariete.

Tarde, pero te he leído.