Llevo unos días preocupado por las noticias que voy desgranando en los diarios digitales de cada mañana, con mi bol de corn flakes en una mano y Nikita en la otra (a ella también le apasionan los jugosos intríngulis políticos que se cuecen ahí abajo). Por lo que he estado leyendo, parece que hay una crisis tremebunda que tiene en vilo a todos los gobernantes, y a toda la oposición babeante ante las nuevas perspectivas electorales. Un regalo del cielo en forma de hipoteca subprime, que es un nombre que hasta hace unos meses sonaba de lo más fashion.La situación empieza a parecerse a una (mala) tragedia griega, sin coro ni corifeo, por falta de presupuesto. Las bolsas sufren espasmos en Wall Street. - ¡Aire aire! - grita Sir Dow Jones , pero en la sala nadie tiene idea de como hacer un boca a boca. Tampoco los periódicos saben ya qué poner en portada después de una semana rotulando !Crash!, ¡Hundimiento!, ¡Crisis!, ¡Big Bang! Me pregunto como titularán el día del Juicio Final, cuando hayan agotado todos los vocablos cataclísmicos de la Real Academia. Es el problema de las palabras, que se desgastan con su uso.
A Laika la llamaron el otro día por Skype desde Argentina, preocupados por la crítica situación que, según los medios, se estaba viviendo en Europa. A este paso vamos a acabar pidiendo ayuda a Gabón, para que nos asistan en nuestra desgracia. Para ombligos el nuestro, que es el más redondo y estiloso.
Y a todo este aguacero informativo con tintes de Diluvio, debemos sumarle otra importante noticia: la probable victoria del negro terrorista como le llaman amistosamente desde las cadenas más conservadoras de USA. Un árabe musulmán y radical, por lo que he podido leer en alguna web, que se propone acabar con la libertad e imponer el socialismo. Les faltó añadir lo de la conspiración con las fuerzas oscuras de Darth Vader, que le añadiría un toque épico al asunto, y quizás lograría reclutar a una armada de valientes jedis dispuestos a dejarse la piel por la democracia y la libertad.
Sobre este punto, Noam Chomsky tiene una observación interesante: Para preservar la pureza de una doctrina en democracia, no es necesario demostrar que el adversario es una amenaza, sino asegurar que el debate queda limitado a un espectro reducido (comprendido entre los halcones y las palomas). De esa manera, gane quien gane, el sistema de propaganda cumple sus objetivos. Extrapolado al contexto actual, viene a decir que al presentar al más que liberal Barack Obama como emisario de la hecatombe comunista, quedan inmediatamente excluidos del debate político todos aquellos individuos cuyas ideas estén a su izquierda. Se evita así que las personas piensen más allá del margen McCain - Obama, agotándose en el segundo los límites de la opinión razonable (y por ende merecedora de ser respetada). Eso explicaría porqué los demócratas padecen ese curioso complejo del antipatriota, que hace que el asesor de Obama ande loco ajustándole al candidato el pin nacional en la solapa, o susurrándole al oído el imperioso God Bless America - no vaya a ser que se le olvide al final de su discurso -.
Con la crisis galopando, y Barack Hussein El Rojo subido a su grupa con la lanza en ristre, la América profunda ya cree tener enfrente al mismísimo jinete del Apocalipsis. Ante tan oscuras perspectivas, no es difícil imaginarse a los verdaderos progresistas - alguno debe quedar en el país -, ardiendo en una pira de madera de nogal por atreverse a abrir la boca. Y es que toda democracia tiene sus límites, y en el país de Salem existe una especial predilección por la carne chamuscada.
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