No sé si existirá un nombre para los coleccionistas de recortes de prensa, pero si no lo hay debería inventarse uno ya mismo, porque el fenómeno va en aumento. Hasta el Comandante Fidel ha confesado recientemente compartir esta extraña afición, que no solo le rellena las tardes, sino que encima le ayuda a analizar "los más agudos problemas internacionales". Como el Granma no da para mucho, es de suponer que nuestra caperucita tropical le echa alguna que otra ojeada a las rotativas del tan cacareado Imperio feroz, aunque solo sea a escondidas, en la intimidad del excusado. También Laika clasifica noticias de todo tipo: por temas, fenómenos insólitos, cotilleos - siempre le ha fascinado la rumorología -, y otras joyas del papel impreso.Lo fascinante de este pasatiempo es medir de primera mano como los artículos se encadenan cronológicamente, recorriendo senderos improvisados en la Actualidad. Lo habitual es que estas sendas vayan estrechándose, hasta que desaparecen zigzageando entre los matorrales informativos; pero ocurre que ocasionalmente, cuando ya les habíamos perdido el rastro, una primicia matutina nos devuelve la pista, arrastrando con ella los jirones de noticias más antiguas.
Eso es sin duda lo que ha ocurrido esta semana, cuando ha dado la vuelta al mundo (al menos el virtual) la noticia de la delación de Milan Kundera, cuando tenía 21 años. Como no es ningún secreto que fue un ferviente comunista en sus inicios, no acabo de entender el escándalo de los que le reprochan su doble rasero. De ser cierta, la noticia - como bien dice Rosa Montero en su columna semanal - debería entristecernos, porque "demuestra los abismos de miseria a los que somos capaces de llegar los seres humanos, corrompidos por las dictaduras"; y fascinarnos también, porque es una prueba fehaciente de que las personas cambian, y son capaces de redimir sus culpas.
En uno de esos mágicos ejemplos de noticias concatenadas, el alboroto - Kundera nos remite al escándalo - Gunter Grass, a quien casi montaron un auto de fe cuando se le fue la mano pelando la cebolla, y confesó haber pertenecido con 17 años a las Waffen-SS. De poco servía que todo lo que había escrito fuese en la dirección opuesta; las manchas de colaboracionismo son las más difíciles de quitar. Claro que juzgar a los demás por sus actos - en una época que tuvimos la suerte de no vivir -, es un vicio irresistible; y si ya de paso podemos tirar por la borda la obra humanista de dos escritores, mejor.
En el caso de Wagner - cuyas notas musicales tienen vetada la entrada en Israel - la cosa se complica aún más, porque entra en juego el simbolismo, y los símbolos están por encima de la Razón. Ahora bien, una cosa es reprobar los libelos envenenados del compositor, y otra muy diferente condenar al silencio a los Nibelungos, que solo "pasaban por ahí", como diría Aute.
Flaco favor le hacemos al Arte, suprimiendo las grandes obras de nuestros tiempos por la condena moral de sus autores. Eso fue exactamente lo que le pasó a Leni Riefenstahl, con cuyo ostracismo salimos perdiendo todos, porque nos perdimos la evolución artística de una persona cuanto menos singular. De la joven femme fatale que sobrevivió al Tercer Reich pueden decirse muchas cosas, pero lo innegable es que supo reciclarse como ni Madonna sabe hacerlo, y que siguió en la vanguardia de la creación artística, aunque la vanguardia no quisiese saber nada de ella. La vida de Riefenstahl está escrita en celuloide, lo que quiere decir que es una película en sí misma. Sus magníficos trabajos sobre el pueblo Nuba, o los paisajes submarinos que exploró hasta los 98 años (y no es una errata), merecen más que un vistazo. Ya centenaria, aún le dio tiempo a casarse y sobrevivir a un accidente de helicóptero, antes de que un cáncer se la llevase por delante. Ahora que preparan la adaptación cinematográfica de su cinematográfica vida - protagonizada por Jodie Foster, por cierto -, espero que sepan huir de las lecturas maniqueas que tanto gustan en la Meca del Cine.
Siempre es más fácil condenar a los malos, y admitir a los buenos, pero si no reconocemos las debilidades humanas, ni la posibilidad de un giro en el ciclo vital de una persona, habremos aprendido poco de los totalitarismos del pasado siglo, y estaremos mal vacunados contra una siempre posible regresión democrática.
3 comentarios:
Habría que, de una vez por todas (o mejor, desde muchos ángulos y muchas veces), atreverse a poner en solfa al cuarto poder, a los plumíferos de la prensa, que están constantemente tergiversando las cosas delante de nuestras narices. Y todo por afán de lucro, así de sencillo. Como por ejemplo ha hecho hoy Juan Goytisolo en las páginas de El País, pidiendo responsabilidades a la propia redacción de El País por la forma en que ha servido de correa de transmisión del diseñado "escándalo" Kundera.
Lo que ocurre es que es una pescadilla que se muerde la cola. La prensa (tan corporativa ella: uno de los males de nuestro mundo) no va a mover un dedo para limitar sus propios excesos, que tanto y tan impunemente intoxican el aire que respiramos. Ahí dejo la idea a los nuevos periodistas: una revista o un periódico que denuncie los excesos y corrupciones de la profesión. Suena a idealista, ya lo sé, pero algún día... Algún día...
No, idealista no es, de hecho ya existió, el LOOT (Lies Of Our Times) se publicó entre 1990 y 1994 en Estados Unidos, y fue básicamente una revista de observación de la prensa escrita, que denunció los sistemáticos excesos cometidos y "verdades obviadas" de los periódicos más prestigiosos (muy especialmente del New York Times). Noam Chomsky fue uno de sus principales colaboradores, y recopiló sus artículos en Cartas de Lexington (excelente libro). Lo que no sé es porqué desapareció el LOOT, pero todos podemos adivinar quienes se alegraron más de ello.
Mario, te felicito.
Un blog sesudo.
Te voy a enlazar...
Saludos.
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