miércoles, 22 de octubre de 2008

Malditos recortes

No sé si existirá un nombre para los coleccionistas de recortes de prensa, pero si no lo hay debería inventarse uno ya mismo, porque el fenómeno va en aumento. Hasta el Comandante Fidel ha confesado recientemente compartir esta extraña afición, que no solo le rellena las tardes, sino que encima le ayuda a analizar "los más agudos problemas internacionales". Como el Granma no da para mucho, es de suponer que nuestra caperucita tropical le echa alguna que otra ojeada a las rotativas del tan cacareado Imperio feroz, aunque solo sea a escondidas, en la intimidad del excusado. También Laika clasifica noticias de todo tipo: por temas, fenómenos insólitos, cotilleos - siempre le ha fascinado la rumorología -, y otras joyas del papel impreso.
Lo fascinante de este pasatiempo es medir de primera mano como los artículos se encadenan cronológicamente, recorriendo senderos improvisados en la Actualidad. Lo habitual es que estas sendas vayan estrechándose, hasta que desaparecen zigzageando entre los matorrales informativos; pero ocurre que ocasionalmente, cuando ya les habíamos perdido el rastro, una primicia matutina nos devuelve la pista, arrastrando con ella los jirones de noticias más antiguas.
Eso es sin duda lo que ha ocurrido esta semana, cuando ha dado la vuelta al mundo (al menos el virtual) la noticia de la delación de Milan Kundera, cuando tenía 21 años. Como no es ningún secreto que fue un ferviente comunista en sus inicios, no acabo de entender el escándalo de los que le reprochan su doble rasero. De ser cierta, la noticia - como bien dice Rosa Montero en su columna semanal - debería entristecernos, porque "demuestra los abismos de miseria a los que somos capaces de llegar los seres humanos, corrompidos por las dictaduras"; y fascinarnos también, porque es una prueba fehaciente de que las personas cambian, y son capaces de redimir sus culpas.
En uno de esos mágicos ejemplos de noticias concatenadas, el alboroto - Kundera nos remite al escándalo - Gunter Grass, a quien casi montaron un auto de fe cuando se le fue la mano pelando la cebolla, y confesó haber pertenecido con 17 años a las Waffen-SS. De poco servía que todo lo que había escrito fuese en la dirección opuesta; las manchas de colaboracionismo son las más difíciles de quitar. Claro que juzgar a los demás por sus actos - en una época que tuvimos la suerte de no vivir -, es un vicio irresistible; y si ya de paso podemos tirar por la borda la obra humanista de dos escritores, mejor.
En el caso de Wagner - cuyas notas musicales tienen vetada la entrada en Israel - la cosa se complica aún más, porque entra en juego el simbolismo, y los símbolos están por encima de la Razón. Ahora bien, una cosa es reprobar los libelos envenenados del compositor, y otra muy diferente condenar al silencio a los Nibelungos, que solo "pasaban por ahí", como diría Aute.
Flaco favor le hacemos al Arte, suprimiendo las grandes obras de nuestros tiempos por la condena moral de sus autores. Eso fue exactamente lo que le pasó a Leni Riefenstahl, con cuyo ostracismo salimos perdiendo todos, porque nos perdimos la evolución artística de una persona cuanto menos singular. De la joven femme fatale que sobrevivió al Tercer Reich pueden decirse muchas cosas, pero lo innegable es que supo reciclarse como ni Madonna sabe hacerlo, y que siguió en la vanguardia de la creación artística, aunque la vanguardia no quisiese saber nada de ella. La vida de Riefenstahl está escrita en celuloide, lo que quiere decir que es una película en sí misma. Sus magníficos trabajos sobre el pueblo Nuba, o los paisajes submarinos que exploró hasta los 98 años (y no es una errata), merecen más que un vistazo. Ya centenaria, aún le dio tiempo a casarse y sobrevivir a un accidente de helicóptero, antes de que un cáncer se la llevase por delante. Ahora que preparan la adaptación cinematográfica de su cinematográfica vida - protagonizada por Jodie Foster, por cierto -, espero que sepan huir de las lecturas maniqueas que tanto gustan en la Meca del Cine.
Siempre es más fácil condenar a los malos, y admitir a los buenos, pero si no reconocemos las debilidades humanas, ni la posibilidad de un giro en el ciclo vital de una persona, habremos aprendido poco de los totalitarismos del pasado siglo, y estaremos mal vacunados contra una siempre posible regresión democrática.

domingo, 19 de octubre de 2008

Esperando a Godot

Laika siempre cuenta que durante su breve estancia en Sarajevo como reportera de guerra, conoció una noche a Susan Sontag, que se encontraba allí dirigiendo la obra Esperando a Godot. Lo trágico de los Balcanes, es que cuando Godot se dignó en aparecer Bosnia ya era ceniza, pero eso no viene al caso. Lo que importa ahora es que en el transcurso de esa velada Laika se enamoró perdidamente de su admirada escritora, y desde entonces no ha vuelto a sentir atracción por el género masculino. Como también heredó la gata el mismo espíritu reivindicativo de la novelista, he vivido de cerca la lucha del movimiento LGTB por abrirse camino en la jungla social contemporánea.
Los verdaderos activistas de hoy en día - los de tipo congénito - parecen añorar los tiempos en los que existían Bastillas que derribar en Occidente; lo de ahora tiene menos carga de adrenalina que un paseo en barca por el lago de Disney.
Como el trayecto desde los barracones de los campos nazis hasta el Orgullo de Chueca ha sido bastante ajetreado, merece la pena mencionar que cuando acabó la guerra, parte de los supervivientes del triángulo rosa pasó a engrosar las listas carcelarias de la flamante RFA (entre 1945 y 1969 se encarcelaron a más de 60.000 personas por
conducta lasciva en el país del chucrut).
Desde entonces, el lifting facial que ha vivido Europa la ha vuelto casi irreconocible, aunque todavía se le escapa a alguno el tufo a homofobia bajo el injerto capilar. La nota de color la ponen los tres divertidos habitantes de la isla griega de Lesbos, que han acudido recientemente a los tribunales para pedir que se deje de usar el término “lesbiana” aplicado a la preferencia sexual, por inducir a terribles confusiones en la isla. Se me ocurre que quizás acabarían antes su misión herculeana rebautizando el islote, aunque quién sabe si los movimientos sáficos del planeta no adoptarían entonces la nueva denominación.
Existe un magnífico trabajo de filmoteca: el documental Celuloide Oculto, que analiza de forma transversal la homosexualidad en el cine de Hollywood a lo largo del tiempo. Rebobinando a los tiempos del blanco y negro, con sus temibles
lesbianas - Nosferatu , uno se da cuenta del inmenso paso adelante que se ha dado en Occidente. ¿Y qué pasa con el resto del planeta? Pues que muchos siguen debatiéndose aún entre la persecución descarada, y la hipocresia del Don't ask don't tell.

Azuzando el cansino e inconcluso debate entre determinismo genético e influencia cultural, no parece que vayamos a llegar a ninguna parte; de todas formas, a los apasionados del tema se les olvida recurrir a la fuente más importante: la Antropología. Lo que me gusta de esta disciplina, es que nos descubrimos a través de los Otros, como le gustaba a Kapuscinski. Cierto es que la materia está irremisiblemente impregnada de un barniz eurocentrista, pero no por ello deja de sernos útil para resolver ciertas cuestiones.
Nikita está iniciándose en el terreno con Marvin Harris, que es el clásico ineludible por excelencia, el demi-plié, la malla o el Bolshoi de la danza.
Sobrevolando fugazmente el pueblo de los Hu, en China, donde no existe la figura del padre; o los Etoro, en Papúa-Nueva Guinea, donde la homosexualidad es obligatoria y la heterosexualidad permitida solo en períodos cortos del año, uno se da cuenta de que el mundo es mucho más complejo de lo que podría parecernos. También en el cercano Brasil, por cierto, no se entiende de la misma manera que en el Viejo Continente el concepto de gay.
Pero como somos propensos a ver el mundo con anteojeras, ahí seguimos, pregonando tolerancia - del latín
tolerare: soportar, cargar - en vez de integrar la diferencia. Y mientras tanto, una parte de la Humanidad sigue esperando...

sábado, 11 de octubre de 2008

La democracia en Salem

Llevo unos días preocupado por las noticias que voy desgranando en los diarios digitales de cada mañana, con mi bol de corn flakes en una mano y Nikita en la otra (a ella también le apasionan los jugosos intríngulis políticos que se cuecen ahí abajo). Por lo que he estado leyendo, parece que hay una crisis tremebunda que tiene en vilo a todos los gobernantes, y a toda la oposición babeante ante las nuevas perspectivas electorales. Un regalo del cielo en forma de hipoteca subprime, que es un nombre que hasta hace unos meses sonaba de lo más fashion.
La situación empieza a parecerse a una (mala) tragedia griega, sin coro ni corifeo, por falta de presupuesto. Las bolsas sufren espasmos en Wall Street. - ¡Aire aire! - grita Sir Dow Jones , pero en la sala nadie tiene idea de como hacer un boca a boca. Tampoco los periódicos saben ya qué poner en portada después de una semana rotulando !Crash!, ¡Hundimiento!, ¡Crisis!, ¡Big Bang! Me pregunto como titularán el día del Juicio Final, cuando hayan agotado todos los vocablos cataclísmicos de la Real Academia. Es el problema de las palabras, que se desgastan con su uso.
A Laika la llamaron el otro día por Skype desde Argentina, preocupados por la crítica situación que, según los medios, se estaba viviendo en Europa. A este paso vamos a acabar pidiendo ayuda a Gabón, para que nos asistan en nuestra desgracia. Para ombligos el nuestro, que es el más redondo y estiloso.
Y a todo este aguacero informativo con tintes de Diluvio, debemos sumarle otra importante noticia: la probable victoria del negro terrorista como le llaman amistosamente desde las cadenas más conservadoras de USA. Un árabe musulmán y radical, por lo que he podido leer en alguna web, que se propone acabar con la libertad e imponer el socialismo. Les faltó añadir lo de la conspiración con las fuerzas oscuras de Darth Vader, que le añadiría un toque épico al asunto, y quizás lograría reclutar a una armada de valientes jedis dispuestos a dejarse la piel por la democracia y la libertad.
Sobre este punto, Noam Chomsky tiene una observación interesante: Para preservar la pureza de una doctrina en democracia, no es necesario demostrar que el adversario es una amenaza, sino asegurar que el debate queda limitado a un espectro reducido (comprendido entre los halcones y las palomas). De esa manera, gane quien gane, el sistema de propaganda cumple sus objetivos. Extrapolado al contexto actual, viene a decir que al presentar al más que liberal Barack Obama como emisario de la hecatombe comunista, quedan inmediatamente excluidos del debate político todos aquellos individuos cuyas ideas estén a su izquierda. Se evita así que las personas piensen más allá del margen McCain - Obama, agotándose en el segundo los límites de la opinión razonable (y por ende merecedora de ser respetada). Eso explicaría porqué los demócratas padecen ese curioso complejo del antipatriota, que hace que el asesor de Obama ande loco ajustándole al candidato el pin nacional en la solapa, o susurrándole al oído el imperioso God Bless America - no vaya a ser que se le olvide al final de su discurso -.
Con la crisis galopando, y Barack Hussein El Rojo subido a su grupa con la lanza en ristre, la América profunda ya cree tener enfrente al mismísimo jinete del Apocalipsis. Ante tan oscuras perspectivas, no es difícil imaginarse a los verdaderos progresistas - alguno debe quedar en el país -, ardiendo en una pira de madera de nogal por atreverse a abrir la boca. Y es que toda democracia tiene sus límites, y en el país de Salem existe una especial predilección por la carne chamuscada.

sábado, 4 de octubre de 2008

Hiroshima

Si el Hombre se distingue por su pretensión - esa manía por querer opinar constantemente de todo: lo que conoce y lo que ignora, lo que le afecta y lo que le es ajeno, lo vital y lo superfluo -, de todas las pretensiones, una de las mayores debe ser atreverse a hablar de Hiroshima, porque por mucho que acertemos con las palabras, lo que dejamos de lado es mucho más. Así como al perfumista siempre se le escapará parte del aroma de los aceites esenciales, el pensador no puede condensar en ningún libro ni biblioteca todo lo que Hiroshima significa, porque su Historia es pulpa de nuestra Humanidad. De todo lo que se pudo decir sobre esa ciudad, Alain Resnais debió ser uno de los que más se acercaron, y aún así se lo dejó casi todo.
La Memoria es sin embargo necesaria; allí más que en ningún otro lugar, y sólo por ello merece la pena aventurarse a sintetizar lo irreductible. En algunas tradiciones africanas, se cree que uno no muere mientras perviva en el recuerdo de los demás. Sólo cuando la última persona que nos lleva en su memoria deja de evocarnos, desaparecemos para siempre.
Pensaba hablar aquí del progreso, de Mazinger Z, el mítico robot gigante tripulado, cuyo nombre en japonés quiere decir Dios-Demonio. Curioso binomio, que podría ser un mundano oxímoron pero no lo es. Su significado oculto es revelador: el avance técnico no es bueno ni malo per se, sino que depende de las manos en las que se encuentra. Pero prefiero no seguir tirando de este hilo, no aquí ni ahora, sería desacertado.
En la reconstruida Hiroshima de hoy en día, renacida del polvo radioactivo, sólo un edificio - o lo que queda de él - atestigua lo que sucedió. Los turistas que pasean por delante con la cámara terciada nunca entenderán nada, como nadie que no lo haya vivido lo comprenderá jamás. Quizás sea esa la gran condena de la Humanidad: la imposibilidad de trasvasar las emociones de una persona a otra como hacemos con los líquidos enfrascados. Esa y el Olvido, un boquete hambriento que con el tiempo se ensancha, y que lo absorbe todo y lo sepulta.
Aún así, la conservación del "Domo Atómico" ejerce una función doble; produce melancolía - más que horror -, puesto que el insoportable peso de la bomba se ha esfumado ya, y en su lugar queda flotando la levedad de lo que ya es Pasado. Y también transmite rebeldía, ante ese alzeimer nuestro que nos atenaza. La etérea estructura de piedra sobrevive acechada por las amnésicas construcciones de acero, y es precisamente en esa soledad que cobra fuerza su mensaje.
De todos los rincones posibles, Derek Jarman - que por entonces se estaba muriendo - eligió la inhóspita y sedienta tierra de Dungeness, frente a la central nuclear, para levantar su pequeño jardín. Y justamente al escoger ese lugar y no otro, creó en el acto - y con el acto - una bella metáfora.

Una flor que se despereza entre la nieve,
Una fotografía rescatada de la ascuas,
Una bocanada de aire para el buceador atrapado,
Un destello en el vacío.

jueves, 2 de octubre de 2008

Radio Nomi

En los planos originales de la estación aparece en uno de sus extremos una gran antena de radio que en realidad no se montó nunca, porque parte de los circuitos necesarios no llegaron a despegar de Tierra. La otra parte de las piezas, la hemos encontrado la gata y yo rebuscando entre los cachivaches que se amontonan en el laboratorio. Con la ayuda de un manual en ruso disponible a bordo - y traduciendo Laika a duras penas -, hemos logrado construir un aparato extraño que crepita y emite palabras perdidas. Bueno, para ser sinceros sintoniza dos emisoras, pero se estrujan en una longitud de onda tan cercana que interfieren la una sobre la otra, como si rivalizasen por conquistar al lejano oyente.
Una de ellas es Radio María, en polaco, aunque no me hace falta entender al locutor para que se me ericen los pelos de la nuca; eso sí es poder de comunicación. Debe ser para evangelizar alienígenas - ahora que la Iglesia ha reconocido su posible existencia -que emiten a esta distancia de la Tierra.
Si giramos muy suavemente la rueda del sintonizador, nos trasladamos mágicamente al centro de Buenos Aires, puesto que la otra emisora captada no es otra que Radio la Colifata, la de los locos del Hospital Borda.
En este momento suena Lightning Strikes de Klaus Nomi, remixada con los salmos de la cadena religiosa. El resultado es tan sorprendente que no puedo evitar imaginarme - entre la cacofonía -, el nuevo vídeo promocional de la corporación eclesiástica: un elenco de epíscopes y acólitos, ataviados con los trajes galácticos y el peinado en punta del estrambótico personaje. Se me ocurre que quizás lograría así detener - monseñor Ratzinger - la sangría de deserciones que viene registrando desde hace un par de lustros en su club de fans.
No sé si serán los efluvios del vino de misa o el sosiego otoñal de Castel Gandolfo, pero algo parece haber desconectado al sumo pontífice del resto de los mortales. Ahora que tanto empeño pone en dilucidar el origen etimológico de la palabra matrimonio, le aconsejaría que le echase un vistazo al de eutanasia, que deriva del griego antiguo y significa "muerte buena, o digna". Pues qué es sino el poder despedirse de este mundo en paz y ataraxia, sin esperar a convertirse en una torturada coliflor.
En algo semejante acabó metamorfoseándose Carol Wojtyla; aunque con la ayuda de Dios - y quién sabe si un poco de morfina administrada de estrangis bajo de la sotana - debió afrontar su inminente ascensión al Empíreo con el mismo sufrido placer del penitente. Pocos hubiesen aguantado el morboso circo mediático que se organizó bajo su alféizar para lucrarse con su agonía, pero el supremo gerifalte cumplió religiosamente con su rol de marioneta papal. La Fe es un potente catalizador de este tipo de heroicidades.
Tal como vienen las noticias, parece que desear una muerte tranquila se va a convertir pronto en una extravagante fantasía, y para colmo censurada. Ahora que desde Italia se ha propuesto reanimar aquellos fetos que presenten signos de vida después de un aborto - aún en contra de la opinión de los padres -, me atrevo a vaticinar en los futuros geriátricos de doña Espe, una legión de ancianos vegetativos, enchufados por la fuerza a respiradores artificiales y bolsas de suero fisiológico.
Es una pena que la Iglesia digiera tan mal todo lo que huele a progreso y libertades civiles, porque en su empeño por seguir regentando una sociedad ya madura, los sectores más recalcitrantes de la Iglesia desprestigian la labor humanitaria que tantas otras personas en el seno de esa institución llevan ejerciendo en la oscuridad.
Pero volviendo a nuestros internos del Borda, se encuentran ahora en un acalorado debate sobre el papel de mesías espacial que protagonizó Nomi. Un hombre con voz estridente asegura que el andrógino Ziggy Stardust es el verdadero héroe que llegó para salvar la raza humana. Una mujer le rebate: "Estás completamente cuerdo de atar" le dice, y acusa al Sr Stardust de farsante-tramoyista. Tras un intenso rifirrafe, acceden a someter a votación el título de Salvador. Con el oído pegado al altavoz y conscientes de la relevancia histórica de este improvisado concilio niceano, presenciamos desde la estación el advenimiento de un nuevo culto.
- Cuatro votos a tres, y Gastón se abstiene - recoge el hombre de la voz de pito - Klaus Nomi es por lo tanto nuestro Salvador providencial.
Se escucha un largo silencio, y una voz ronca pregunta:
- ¿Y ahora, quién ejercerá de representante sobre la Tierra?

Youtube: Lightning Strikes - Klaus Nomi